El deseo
El deseo nace antes que la palabra. Antes que la ley. Incluso antes que el miedo. Es una fuerza primaria, como un temblor que atraviesa el cuerpo y la historia, es una sed que no siempre sabe que la saciará. El deseo es el fuego que puede iluminar el hogar o reducir la ciudad a cenizas. En su origen íntimo surge de la falta como apertura. El espacio vacío que hace posible el movimiento. Algo en nosotrxs busca expandirse, tocar, conocer, poseer o transformar. Nunca se queda quieto. Evoluciona, muta, se organiza, se educa o se pervierte. Hay deseos que nacen del cuerpo y deseos que nacen de la idea. El deseo erótico busca la fusión; el deseo estético busca la belleza; el deseo de conocimiento quiere nombrar lo invisible. Existe el deseo de pertenecer, el deseo de ser reconocidx, el deseo de trascender la muerte dejando una huella. Y también existe el deseo de dominar, de acumular, de someter. No todos los deseos tienen la misma textura moral, aunque todos compartan la m...