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El deseo

 El deseo nace antes que la palabra. Antes que la ley. Incluso antes que el miedo. Es una fuerza primaria, como un temblor que atraviesa el cuerpo y la historia, es una sed que no siempre sabe que la saciará.  El deseo es el fuego que puede iluminar el hogar o reducir la ciudad a cenizas. En su origen íntimo surge de la falta como apertura. El espacio vacío que hace posible el movimiento. Algo en nosotrxs busca expandirse, tocar, conocer, poseer o transformar. Nunca se queda quieto. Evoluciona, muta, se organiza, se educa o se pervierte.  Hay deseos que nacen del cuerpo y deseos que nacen de la idea. El deseo erótico busca la fusión; el deseo estético busca la belleza; el deseo de conocimiento quiere nombrar lo invisible. Existe el deseo de pertenecer, el deseo de ser reconocidx, el deseo de trascender la muerte dejando una huella. Y también existe el deseo de dominar, de acumular, de someter. No todos los deseos tienen la misma textura moral, aunque todos compartan la m...

La responsabilidad de existir

¿Cómo puede el mismo mundo albergar el canto de un ave al amanecer y la violencia de un campo de exterminio? ¿Cómo pueden coexistir la ternura de un abrazo y la planificación meticulosa de un genocidio?   Este contraste radical es la herida ontológica de nuestra condición humana.  Cuando se percibe con claridad ambas dimensiones, enfrentamos un dilema existencial: si solo se atiende al horror, se consume en desesperanza y cinismo; si solo se contempla la belleza, se corre el riesgo de caer en ingenuidad o complicidad.  La tarea ética y filosófica más urgente consiste en aprender a traducir esa conciencia en acción transformadora.  El primer peligro es la normalización: cuando las cifras reemplazan rostros o cuando el sufrimiento se convierte en un dato estadístico. Resistir significa mantener viva la capacidad de indignarse, aunque duela. La sensibilidad es la primera defensa contra toda atrocidad.  Podría pensarse que atender a la belleza es un modo de e...

¿Dónde quedó nuestra lengua madre?

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El cuerpo es el primer territorio. Lo habitamos antes que cualquier frontera, antes que cualquier ideología, antes que cualquier idioma aprendido. Somos cuerpos: carne viva, vibrante, vulnerable. Somos cuerpos que caminan, que sienten, que se enferman, que sanan, que dan vida y que mueren. Pero además —y esto es algo que nos ha costado recordar—, el cuerpo no es solo humano: también somos bacterias, virus, hongos, parásitos. Una multitud biológica que convive y se regula. Somos una comunidad viviente dentro de una comunidad viviente. Este principio —que la vida no es individual sino interdependiente— parece hoy una verdad olvidada. ¿En qué momento el mundo se desvió tanto? ¿Cuándo dejamos de respetar la vida, esa que brota desde lo más pequeño y se extiende hasta el universo? ¿Cuándo dejamos de pensar en el futuro, o acaso nunca lo hemos hecho realmente? Muchas personas apuntan al capitalismo como el origen del mal. Sin duda, este sistema económico ha mercantilizado todo: el tiempo, ...

Porque nos enseñaste a quemarlo todo si era necesario

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 Hoy se cumplen cuatro años desde que Luisa Toledo partió físicamente de este mundo, pero su presencia no ha dejado de resonar con fuerza en las calles y en la memoria viva de quienes siguen luchando. Su voz, su gesto y su claridad siguen siendo guía para quienes no se rinden. Luisa no solo fue madre de sus hijos, sino también madre simbólica de una generación que aprendió de ella que la defensa propia no es pecado, que resistir es un derecho y que el amor también puede ser rabia, coraje y fuego. Nos enseñó que la violencia no es mala cuando nace del amor profundo, cuando es respuesta a un sistema que nos quiere sumisos y en silencio. Nos ayudó a desarmar esa idea que nos enseñaron de que no hay que defenderse, de que siempre hay que aguantar. ¡No! Luisa nos dijo con su vida que hay que luchar, cueste lo que cueste, por un mundo más justo. El golpe más duro lo recibió el 29 de marzo de 1985, cuando sus hijos Rafael y Eduardo fueron asesinados por agentes del Estado. Aquello que h...

Valparaíso y su crisis

Valparaíso no fue fundada: emergió.  Se fue construyendo a pulso por manos diversas, por las personas que se quedaron porque sintieron que aquí había un lugar para habitar, lugar que merecía la pena cuidar. Valparaíso nació desde la improvisación y la rebeldía, desde el arrojo de levantar casa en el cerro, de subir con lo que se tiene, de crear comunidad con lo que hay. Por eso resulta profundamente contradictorio que, hoy, esa misma ciudad se vea paralizada y vaciada en nombre de una conservación patrimonial que parece más un monumento a la burocracia que a la vida real de las personas que habitan el lugar.  La declaratoria de Ciudad Patrimonio de la Humanidad debería haber sido una oportunidad para proteger no solo estructuras, sino modos de vida. Para resguardar la memoria viva en vez de congelarla. Para defender a quienes hacen cultura todos los dias y no solo proteger edificios donde alguna vez se hizo. Hoy estamos viendo como muchos lugares se queman y se vacían, el com...

Pensar la vida tras la muerte de un sabio

Le he dado muchas vueltas a la muerte de Gastón Soublette. Como mujer, como madre, como habitante de Abya Yala, su partida me moviliza no solo por lo que él representaba, sino por lo que su figura revela sobre nosotrxs como sociedad. Siento que su trayectoria encarna una de las paradojas más notables del pensamiento crítico en contextos colonizados: la del mediador blanco que, desde su posición de privilegio, abre puertas hacia saberes que han sido históricamente negados, pero que, al mismo tiempo, no logra o no desea desmantelar del todo el sistema que los niega. Sin duda, Soublette fue un defensor honesto del mundo espiritual, de la sabiduría originaria, del arte popular, del pensamiento oriental. También fue parte  de la elite ilustrada, de la academia criolla, de esa institucionalidad que otorga reconocimiento público a ciertas voces y silencia muchas otras. Su muerte ha provocado un duelo nacional cargado de sentido ritual. Representaba algo escaso: cierta nobleza ética, una v...

Reflexiones en el marco del 8M 2021 y 2025

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  Reflexion escrita desde el Valle de Elqui, 2021   Estoy sentada a los pies de un árbol, el tronco me sostiene, pero mi corazón palpita a mil y mis lágrimas caen, pesadas, inevitables. Mujeres convocaron a otras para recordar a quienes nos arrebataron, compañeras que ya no están, femicidios en impunidad. Y, de pronto, el dolor irrumpe como un relámpago: me doy cuenta de que he vivido con la sombra del abuso toda la vida. Violencia física, psicológica, sexual. He sentido mi vida pender de un hilo tantas veces, que ya perdí la cuenta, que ya no quiero más.   Me siento sola. Me siento aislada. Me siento pisoteada, consumida por el fuego. Y sin embargo, desde estas cenizas renazco, con la fuerza de un volcán en erupción. Tanto tiempo he contenido mi ser, temerosa de ser vista. Hoy me estremece lo que descubro: tanto dolor guardado, tanta dureza construida. Me he vuelto piedra, roca. Cómo deshago esta coraza? Cómo la suavizo sin miedo?   Nuestra historia es d...