Reflexiones en el marco del 8M 2021 y 2025

 

Reflexion escrita desde el Valle de Elqui, 2021

 

Estoy sentada a los pies de un árbol, el tronco me sostiene, pero mi corazón palpita a mil y mis lágrimas caen, pesadas, inevitables.

Mujeres convocaron a otras para recordar a quienes nos arrebataron, compañeras que ya no están, femicidios en impunidad. Y, de pronto, el dolor irrumpe como un relámpago: me doy cuenta de que he vivido con la sombra del abuso toda la vida. Violencia física, psicológica, sexual. He sentido mi vida pender de un hilo tantas veces, que ya perdí la cuenta, que ya no quiero más.

 Me siento sola. Me siento aislada. Me siento pisoteada, consumida por el fuego. Y sin embargo, desde estas cenizas renazco, con la fuerza de un volcán en erupción.

Tanto tiempo he contenido mi ser, temerosa de ser vista. Hoy me estremece lo que descubro: tanto dolor guardado, tanta dureza construida. Me he vuelto piedra, roca. Cómo deshago esta coraza? Cómo la suavizo sin miedo?

 Nuestra historia es de violencia, de despojo, un relato que se escribe desde la conquista y la colonización. Hasta cuándo seguirán matándonos?

 Lo único que sé es que mi hijo merece otro ejemplo. Esa es mi protesta, mi lucha más profunda y cierta. Aún me duele demasiado acercarme a mis compañeras, me cuesta asumir que la violencia que nos rodea es real. Pero por eso gritamos: ni una menos, no más, nunca más.

Siento el peligro latente. Me duele. Y junto a la pena, arde en mí una rabia nueva, desconocida.

 

 

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 Reflexión escrita un 8 de Marzo, 2025

 

Cuatro años han pasado, y aunque la rabia sigue encendida, la pena ha encontrado cauces. El peso se ha transformado en  semilla y raíz que me sostienen. He aprendido que el dolor no tiene por qué ser solo dolor.
Puede ser camino, puede ser fuego que ilumina y no solo quema.

He dejado de estar sola. Me acerco, al fin, a mis compañeras. Al principio con miedo, con la desconfianza que deja la herida abierta, pero luego con la certeza de que juntas somos refugio. Nos hemos encontrado en la palabra, en la mirada que entiende sin necesidad de explicar. Y en ese encuentro he descubierto algo nuevo: la acción.

Ya no me basta con gritar en soledad. Ahora mis manos construyen, mis pasos avanzan, mis ideas buscan abrir grietas en los muros de esta sociedad nefasta e injusta. Porque este mundo, nuestro mundo, no tiene por qué ser el que nos impusieron. Podemos moldearlo con nuestra fuerza, con nuestra ternura, con la furia que se transforma en creación.

Todavía duele. Todavía hay peligro. Pero ya no me paraliza. He aprendido que la lucha no es solo resistencia, sino también siembra.

 Y aquí estoy, sembrando. Por mí, por nosotras, por quienes vendrán, por todas las compañeras y compañeros. Por nuestro mundo. 




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