Valparaíso y su crisis

Valparaíso no fue fundada: emergió.  Se fue construyendo a pulso por manos diversas, por las personas que se quedaron porque sintieron que aquí había un lugar para habitar, lugar que merecía la pena cuidar. Valparaíso nació desde la improvisación y la rebeldía, desde el arrojo de levantar casa en el cerro, de subir con lo que se tiene, de crear comunidad con lo que hay. Por eso resulta profundamente contradictorio que, hoy, esa misma ciudad se vea paralizada y vaciada en nombre de una conservación patrimonial que parece más un monumento a la burocracia que a la vida real de las personas que habitan el lugar. 

La declaratoria de Ciudad Patrimonio de la Humanidad debería haber sido una oportunidad para proteger no solo estructuras, sino modos de vida. Para resguardar la memoria viva en vez de congelarla. Para defender a quienes hacen cultura todos los dias y no solo proteger edificios donde alguna vez se hizo. Hoy estamos viendo como muchos lugares se queman y se vacían, el comercio local va muriendo poco a poco y el Barrio Puerto por ejemplo parece un lugar de ruinas custodiado por leyes que lo asfixian. 

Y sin embargo, Valparaiso Vive. Late con fuerza en sus calles, en su gente, en sus artistas, en sus redes comunitarias, en sus ollas comunes, en los colectivos culturales, en quienes siguen pintando, escribiendo, componiendo y resistiendo. 

No es que la ciudad haya muerto, lo que ocurre realmente es que quienes no la habitan ya no saben verla. Desde la gestión cultural es urgente que dejemos de romantizar el patrimonio como una postal y comenzar a defenderlo como practica viva y cotidiana. Lo que está en juego es una manera de entender el habitar, la cultura y la ciudad. Por eso, hoy más que nunca, urge organizarnos. No para esperar soluciones sino para ejercer desde ya nuestro derecho a construir ciudad. 


Reconocer lo vivo
El barrio no está muerto! Sigue mucha gente creando, resistiendo y habitando. Hay cultura viva. Historias encarnadas. Es necesario reconocer y visibilizar esas experiencias desde los murales hasta los bares, desde las ferias hasta los espacios autogestionados, y mucho más. Esas son las verdaderas joyas de Valparaiso y su patrimonio. 

Desbordar los márgenes de la ley muerta
Exijamos una revisión crítica de las normativas impuestas por la Unesco y las instituciones estatales. No desde la destrucción del patrimonio, sino desde la defensa activa de un patrimonio vivo. Una ciudad que no se puede tocar es una ciudad que no se puede cuidar.

Crear redes de colaboración barrial
Organicemos encuentros abiertos entre vecinxs, artistas, gestores, arquitectxs, historiadorxs, técnicxs, para diseñar respuestas comunitarias. En cada cerro hay saberes que deben ser protagonistas en la reconstrucción.

Recuperar espacios en abandono con arte y comunidad
Las casas quemadas, los sitios eriazos, los edificios cerrados pueden ser centros culturales temporales, huertas urbanas, bibliotecas populares, puntos de encuentro. Con intervención artística, con trabajo voluntario, con apoyo mutuo. Que la ciudad se repare con las manos de quienes la habitan.

Reforzar los medios de comunicación populares
Crear canales propios de comunicación vecinal: radios comunitarias, boletines, fanzines, redes sociales barriales. Que se cuente la historia desde dentro. Que el relato de Valparaíso lo hagan sus habitantes, no las agencias de turismo.

Promover un estatuto especial para ciudades habitadas-patrimonio
Velar por una legislación que reconozca la singularidad de ciudades como Valparaíso, donde el patrimonio no puede desvincularse de la justicia social y del derecho a una vivienda digna. Que vivir en una zona patrimonial no signifique quedar atrapado en un museo en ruinas

Celebrar lo que somos
Seguir organizando carnavales, ciclos de poesía, caminatas por los cerros, festivales del recuerdo y la invención. Que la alegría y la memoria sean las herramientas de la resistencia. Que la ciudad se vea y se escuche viva.

Valparaíso no se salva desde arriba. Se reconstruye desde abajo. Somos nosotrxs, quienes habitamos esta ciudad, quienes tenemos el derecho y deber de volver a levantarla. No como era, sino como puede llegar a ser: una ciudad rebelde, abierta, creativa, profundamente libre. Porque Valparaíso, como siempre, renace desde su propio caos.

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