El cuerpo como terreno biológico: cuidado, política y consumo en la era del capitalismo
En el contexto actual, el cuerpo humano se encuentra en una intersección de muchas fuerzas: culturales, económicas y políticas. A menudo olvidamos que el cuerpo también es un terreno biológico donde habitan virus, hongos, bacterias y parasitos, sobre el cual se ejerce poder y cuya gestión no es solo un acto personal, sino también un acto político fundamental.
Desde esta
perspectiva, su cuidado no es solo una cuestión de bienestar individual, sino
una respuesta a dinámicas globales del capitalismo, donde afecta lo que
consumimos, nuestro trato y como nos relacionamos con el mundo.
El cuerpo no es
neutro, lo que comemos, respiramos y aplicamos sobre nuestro piel es el
resultado de procesos de producción económica, de políticas de salud y
decisiones también corporativas. El cuerpo es el reflejo de las relaciones de
poder que se ejercen sobre él.
El concepto de
cuerpo como terreno biológico nos invita a reconsiderarlo no solo como
una entidad física aislada, sino como espacio de interacción constante con el
entorno y los sistemas que lo rodean.
En este sentido
su cuidado se convierte en un acto de resistencia frente a las
influencias externas, especialmente frente al capitalismo que moldea nuestras
practicas de consumo. Nuestro cuerpo no está
aislado de las dinámicas de explotación que también operan sobre la naturaleza
y los recursos del planeta.
En el marco del
capitalismo el consumo es una de las principales vías por las que se perpetúan
las dinámicas de explotación. Las grandes corporaciones empujan a las personas
hacia modelos de consumo masivo que priorizan la satisfacción inmediata y la
acumulación de bienes por encima de la salud, del cuerpo y del entorno. Aún
así, como consumidores tenemos la capacidad de incidir en este sistema mediante
nuestras decisiones de consumo.
Optar por
alimentos producidos localmente, órganicos y éticamente cosechados es una forma
de oponerse a la lógica capitalista que favorece el monocultivo, el uso de
pesticidas tóxicos y la explotación laboral. Aún así esto es difícil ya que
todos esos productos suelen ser mucho más caros y de poco acceso para la gran
mayoría de las personas. En este caso lo ideal es intentar comprar en negocios
locales y no en grandes cadenas de supermercados. A su vez rechazar los
productos ultraprocesados y la dependencia excesiva de fármacos o suplementos
innecesarios es una forma de cuidar el cuerpo desde una perspectiva crítica y
de autonomía biopolítica.
El uso
indiscriminado de medicamentos, la automedicación, el sobrediagnóstico ejemplos claros de como el capitalismo medico puede perjudicar al
cuerpo. Las decisiones sobre tratamientos no siempre se basan en las
necesidades del individuo, sino en la lógica del beneficio económico. Esto se ve muchas veces reflejado en
tratamientos invasivos que en muchos casos podrían ser evitados o abordados de
manera menos agresiva. El acto de cuidar el cuerpo, al optar por enfoques
preventivos, naturales y holísticos, se convierte en una acción política que
desafía el dominio del sistema médico-comercial.
El cuidado también es reconocer los peligros de la iatrogenia. Iatrogenia se refiere al daño causado de manera no intencionada por el sistema médico. Este daño puede ser a través de tratamientos innecesarios, intervenciones mal gestionadas, palabras dañinas o fármacos inadecuados para la persona. Generalmente se suele manifestar cuando es tratado solo el síntoma y no la causa del problema.
El sistema médico capitalista ha convertido el cuerpo en un espacio donde se exploran oportunidades de mercado. Los efectos adversos de fármacos, reacciones alérgicas a productos cosméticos industriales o las consecuencias de intervenciones invasivas que podrían haberse evitado, revelan como el sistema de salud puede perpetuar el daño cuando el beneficio económico toma prioridad sobre el bienestar de la persona consultante, mal llamado paciente.
La iatrogenia
lleva a muchas personas a una gran desconfianza en la medicina
institucionalizada, y esta desconfianza lleva a muchxs a buscar alternativas
mas sostenibles, menos invasivas y alineadas con una visión holística del
cuerpo.
El auge de las
terapias complementarias, el uso de plantas medicinales y la preferencia por
practicas preventivas son parte de este movimiento, que ademas de proteger el
cuerpo biológico busca una resistencia frente a las dinámicas capitalistas que
moldean el sistema de salud.
Ojo! Que con todo
esto no busco satanizar la medicina tradicional alópata, porque en muchos casos
alarga la vida y nos salva, tampoco se trata de dejar los tratamientos ya
establecidos, si no que tener conciencia sobre todo a lo que accedemos con
nuestro cuerpo y lo que consumimos.
Hacia un cuidado
colectivo del cuerpo y la naturaleza
El cuidado del
cuerpo debe entenderse también como una responsabilidad con la salud colectiva
y ecológica. El cuerpo, visto como un terreno biológico, es un reflejo de las
dinámicas sociopolíticas y económicas de nuestro tiempo. Cuidarlo es, por
tanto, un acto político que nos permite resistir las fuerzas del capitalismo,
que explota tanto el cuerpo como el entorno natural. Al comprender los peligros
de la iatrogenia y al tomar decisiones de consumo conscientes, estamos
protegiendo nuestro cuerpo y también desafiando las estructuras que perpetúan
la explotación y el daño.
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