Reflexiones de una mujer madre

 

Vivimos en un sistema que a menudo ve la tierra como una fuente inagotable de recursos, sin considerar su voz ni su agotamiento. Donde se ha acostumbrado a ver a las personas como meros engranajes en la maquinaria del progreso, olvidando su humanidad y necesidades más profundas.

La maternidad, vista en este contexto, a menudo se convierte en una tarea más en la cadena de producción, un papel asignado en la sociedad que se espera cumplir sin cuestionamientos. ¿Hasta cuándo seguiremos perpetuando este ciclo de extracción y explotación, tanto de la tierra como de las personas?
La reflexión nos lleva a cuestionarnos el verdadero significado de progreso y desarrollo. ¿Es acaso medir el éxito en términos de crecimiento económico a expensas de la salud de nuestro planeta y de nuestra propia humanidad? ¿O podemos redefinir estas nociones, buscando un equilibrio donde el cuidado de la tierra y de las personas sea el verdadero motor de nuestra sociedad?
En Chile, como en muchos lugares, el extractivismo ha encontrado terreno fértil, alimentado por una mentalidad que prioriza la ganancia inmediata sobre la sostenibilidad a largo plazo. Pero ¿es este el camino que queremos seguir? ¿Es este el legado que deseamos dejar a las generaciones venideras?
Sueño con una sociedad donde la maternidad y la niñez sean honradas y protegidas, donde cada persona tenga garantizado no solo el pan de cada día, sino también espacios adecuados para su desarrollo integral. Recordemos la importancia de esos pequeños detalles, como los rincones para niñeces en lugares públicos, que pueden marcar una gran diferencia en la calidad de vida de una comunidad.
No es tarde para replantear nuestras prioridades y construir un futuro más equitativo y sostenible para todxs.

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